La isla

Había una vez una isla en medio del océano. Sus tierras eran muy fértiles, tenía manantiales naturales de agua que bajaban desde las montañas, su clima era muy benigno con suaves temperaturas durante todo el año, las lluvias eran leves pero continuas, sin tormentas ni huracanes.

Los habitantes eran de carácter dulce, amigable y pacífico. Los más mayores eran los encargados de transmitir los conocimientos a los más pequeños, el consejo de mayores se reunía para solventar las pequeñas disputas cotidianas entre los habitantes de la isla, y siempre encontraban una solución que satisfacía a las diversas partes.

Vivían de la pesca y de los frutos de los numerosos árboles que crecían en la isla. Disponían de mucho tiempo libre, aunque para ellos ese concepto no existía, simplemente, salían a pescar cuando lo necesitaban y atrapaban sólo los peces que debían comer ese día, salían a recolectar fruta y recogían sólo la fruta que iban a comer ese día, entre tanto, dibujaban, pintaban o esculpían figuras.

Su comercio era muy particular, se intercambiaban las frutas, los peces, las esculturas y las pinturas a su antojo: “ te doy estos tres peces, y tú me das esas tres figuras tan bonitas”. Las pocas enfermedades que sufrían las curaban los “sanadores” que recogían las plantas medicinales de los bosques, las que sus padres y abuelos les habían enseñado a distinguir. Sus casas eran sencillas, las construían entre todos, cuando una pareja se unía todos los habitantes contribuían a construirles su casa de barro y paja. Por la noche, las familias se reunían alrededor de una hoguera y se contaban historias tradicionales .

Un día llegó un gran barco y atracó cerca de la playa. Unos hombres, muy distintos a ellos, se acercaron a la costa en un barco más pequeño, parecido a las canoas que ellos mismos usaban. Los recibieron muy contentos, los agasajaron con sus mejores viandas, el agua más fresca, los objetos más bellos y las historias más bonitas.

Uno de los hombres, el más corpulento y con un carácter imponente, llevaba un tubo brillante siempre colgado de una cinta en su espalda. Les contó historias maravillosas de otras islas, de los manjares que allí comían, del agua tan buena que mezclaban con zumo de fruta y alcohol y producía muchos beneficios, como la risa y el divertimento, de los avances de la medicina tan prodigiosos, de las casas tan bien construidas y sólidas, de los objetos maravillosos como el oro y los brillantes, de los preciosos vestidos, de la organización de su sociedad, basada en la justicia, en la libertad y en la igualdad, conceptos para ellos desconocidos.

– Podéis tener todo eso, nosotros os lo traeremos en nuestros barcos, os enseñaremos nuestras profesiones, cómo construir casas, cómo impartir justicia, cómo curar las enfermedades -les proclamó el hombre corpulento-.

El consejo de mayores se reunió, no estaban muy convencidos con las palabras de aquellos hombres:

-Si aquí tenemos todo lo que necesitamos, ¿para qué nos van a traer nada más?.

Decidieron que no aceptarían los bondadosos ofrecimientos de esos caballeros, aunque podían visitar su isla y permanecer en ella el tiempo que quisieran.

El consejo de mayores le comunicó al hombre corpulento su decisión. Éste la recibió frío, sin un gesto:

– Os equivocáis -les dijo-, yo os traigo el progreso, vivís en un mundo ancestral, anclado en el pasado, no podréis manteneros al margen.

Como era un hombre muy calculador, había llenado su barco de oro, piedras preciosas, trajes exquisitos y dibujos de enormes y lujosas mansiones, las mostró a algunos de los habitantes, éstos se quedaron asombrados:

– ¿Todas esas maravillas existen y no las habíamos visto nunca?- exclamaron-.

– El consejo de ancianos no nos habló nunca de ellas -comentaban indignados-.

El hombre les enseñó también el tubo que llevaba en la espalda, era una escopeta, e hizo una demostración:

– Con ésto -dijo-, conseguiréis lo que queráis, si el consejo se opone, amenazadlos y se doblegarán a vuestros deseos.

El pequeño grupo de habitantes, volvieron al poblado, muy excitados, hicieron reunir al consejo y les hablaron de lo que habían visto en el barco, les exigieron que aceptaran el trato con el hombre corpulento, los ancianos se opusieron de nuevo, pero entonces, uno de ellos les apuntó con la escopeta y les obligó a abandonar el consejo:

– A partir de ahora, nosotros somos el consejo, vosotros sois sólo unos ancianos y debéis volver a vuestras casas.

Así pues, tal y como habían acordado, el hombre del barco, les iba entregando a los nuevos componentes del consejo, las mercancías que astutamente había cargado en su barco, a cambio, recibía fruta, pescado, pinturas y esculturas talladas.

Todo el pueblo tenía que recolectar fruta durante todo el día, los pescadores debían salir a pescar de madrugada y no regresaban hasta bien entrada la noche, los artesanos no paraban de pintar, esculpir y dibujar encerrados en sus cabañas. Tanta actividad, hacía mella en sus organismos que estaban acostumbrados a la vida al aire libre y a sus relajadas reuniones familiares, muchos cayeron enfermos.

Más barcos llegaron y les enseñaron a construir casas preciosas:

-Estas casas valen mucho y debéis pagarlas con mucha fruta, pescado, pinturas y esculturas -les recordaba el hombre corpulento-.

Más y más habitantes caían enfermos, muchos temiendo perder la salud no querían recolectar ya más fruta, ni salir a pescar, ni hacer más esculturas. Entonces el hombre del barco, entregó al consejo libros para que aprendieran la medicina moderna:

– Enseñar a algún habitante para que sea el nuevo sanador, pero éstos libros cuestan mucho, debéis recoger más fruta y pescado para pagarnos.

Los habitantes estaban exhaustos y se quejaron, culpaban de sus enfermedades al consejo. El hombre del barco les trajo más libros, con ellos, el consejo debía aprender a dictar leyes que todos los habitantes cumplieran:

– Pero éstos libros cuestan mucho, debéis recoger más fruta y pescado para pagarnos.

Los habitantes se negaron a cumplir las nuevas leyes y se rebelaron, exigiendo que restituyeran al consejo de ancianos. Entonces el hombre del barco les trajo muchas escopetas para que el consejo obligara a los habitantes a cumplir las leyes:

– Pero éstas escopetas cuestan mucho, debéis recoger más fruta y pescado para pagarnos.

Los habitantes de la isla tenían mucho miedo de las escopetas, así que cesaron las revueltas, y siguieron recogiendo fruta, pescado, pintando y esculpiendo.

La fruta, el pescado, las telas para pintar y la madera para esculpir, se estaban agotando. El consejo se reunió y decidió que se turnarían en los trabajos, como ya no había suficiente trabajo para todos,  dictaron una nueva ley para sacar a “concurso público” el derecho a trabajar: aquel que más fruta, pescado, pinturas y esculturas entregara, sería el que tendría el derecho a recoger fruta, pescado, hilo para las telas y madera para las esculturas.

Los habitantes se quedaron perplejos, ahora sí que no entendían al consejo:

– Deben haber perdido la cordura, ¿si ya no queda fruta, ni pescado, ni telas, ni madera, cómo vamos a pagar con eso mismo para seguir trabajando?. Es más, la isla se está quedando estéril, los árboles se secan, las zonas taladas son arrasadas por el agua y la tierra arrastrada desemboca en el mar y ahuyenta a los peces, cuando no, en el peor de los casos, mueren ahogados en el barro. ¿Qué van a comer nuestros hijos cuando ya no quede nada?.

El futuro inmediato que vislumbraban no era muy halagüeño, su isla dejaba de ser fértil, las playas se llenaban de barro, los árboles desaparecerían con las talas masivas, iban a morir de hambre… Ante el destino que les esperaba, la única alternativa era vencer el miedo a las escopetas, deshacer el nuevo consejo, instaurar el consejo de ancianos y expulsar de su isla a los hombres del barco.

Todos los habitantes de la isla se unieron, se armaron de valor, lograron instaurar de nuevo al consejo de ancianos y expulsar a los hombres del barco. Les devolvieron todas las joyas, los vestidos, las casas, los libros de medicina, los libros de leyes y las escopetas, objetos inútiles que no querían para nada, logrando que se marcharan lejos, muy lejos con su barco.

A. Ferri

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

SANADOR DE PAREJAS

EL ÚNICO BLOG DEDICADO A LA COMPRENSIÓN DEL FENÓMENO AMOROSO Y A LA REPARACIÓN EFICIENTE DEL VÍNCULO ENTRE LOS GÉNEROS

Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Pocas Luces

Un viaje corto, una vuelta manzana.

Espaciocrea : : Escritura Creativa en Valencia

Cursos y talleres presenciales de escritura creativa en Valencia. Recursos para escritores y encuentros del taller literario. Club de novela, poesía y narrativa breve. Comunidad de microrrelatos, haikus y cuentos. Desafíos lunares internacionales en Facebook y en Twitter. Espacio para compartir tus creaciones y relatos en cadena. El otro blog de Aurora Luna

Ideas de una mujer ebria

Gifs y jpgs sobre poesía

Página transversal

Pensamiento, crítica, movilización

Aprendiz de la vida

No importa si lo que escribes es bueno o malo, lo importante es que sea tuyo

Emociones encadenadas

Emociones que se encadenan, unas tras otras. Encadenadas emociones que te atrapan, que te colapsan, que te impulsan y te hacen reaccionar...

luzsobretodo

"La vida no es un tener y conseguir, sino Ser y Convertir"

lascosasqueescribo

Encontrareis relatos, micros, poemas y otras curiosidades

Comienzo de 0

Artículo 19. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. ---Declaración Universal de Derechos Humanos.

Facultades mentales

Crees que yo corro tras lo extraño porque no conozco lo bello, pero no, es porque tú no conoces lo bello que yo busco lo extraño. (Georg Christoph Lichtenberg) El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar que para que se siga su rumbo. (Franz Kafka) La noche y yo hemos perdido / Así hablo yo, cobardes. / La noche ha caído y ya se ha pensado en todo. (Alejandra Pizarnik) Un artista nunca trabaja bajo condiciones ideales. Si ellas existieran, su trabajo no existiría, porque el artista no vive en el vacío. Debe existir alguna clase de presión. El artista existe porque el mundo no es perfecto. El arte no sería útil si el mundo fuera perfecto, así como el hombre no buscaría la armonía si simplemente viviera en ella. El arte nació de un mundo que ha sido diseñado enfermo. (Andréi Tarkovski) ¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz? (Frida Kahlo) Nadie está libre de decir estupideces. Lo grave es decirlas con énfasis (Michel de Montaigne)

escriboloquesientoypienso.wordpress.com/

Desde mi corazón... esta soy yo

textosensolfa

Textos en Solfa es el lugar de la traducción literaria, las palabras palpitantes y el prisma del lenguaje.

El trastero de mi mente

Un paseo por el pensamiento, las emociones y el arte...

Caminar por la playa

Fragmentos recogidos

Luna de papel :: Talleres Literarios en Valencia

El blog de Aurora Luna. Talleres de escritura creativa en Valencia. Club de lectura. Cursos de novela, poesía, cuento y narrativa breve. Recursos para escritores y herramientas para aprender a escribir en el taller literario. Reflexiones sobre creatividad y literatura. Master class, profesores, clases presenciales y seminarios de creación literaria adscritos a "LIBRO, VUELA LIBRE". Comunidad de escritores y lectores en Valencia. Dinámicas en curso y ejercicios de escritura creativa. Palabras, concursos, vuelos y encuentros literarios.

Vida de Peatón

Transeúnte, usuario del metro, pasajero de microbuses...

AKANTILADO. Literatura, pensamiento, crítica... Un blog de Irad Nieto

"Si tanto falta es que nada tuvimos", Gabriela Mistral.

A %d blogueros les gusta esto: