Erase una vez un niño muy triste, era un niño meditabundo,
muy correcto y educado, pero… no creía en los Reyes Magos.
Lo peor de la cuestión no era que fuera ya mayor,
es que nunca había sentido esa ilusión.

Para comprender su situación,
hay que retroceder un montón.
Eran muchos de familia, siete hermanos:
cinco niños, dos niñas;
tres adultos: el padre, la madre y el abuelo.
Mucha gente, muchos gastos y muchas bocas en el plato.

El niño era el mayor de sus hermanos,
por lo menos se libraba de heredar ropa y calzados.
Los pequeños de vez en cuando, exigían una mascota,
un perro o un gato para tratarlo con cariño:
“¡Imposible!”, ese hogar era ejemplo de austeridad,
en las comidas no quedaban ni sobras.

La época de Navidad, era un infierno para el chaval.
En el camino al colegio, lucecitas y guirnaldas
le recordaban que ya se aproximaba:
“¡Ay! ¡Qué horror! Y lo peor,
casi un mes queda para Reyes, ¡el colofón!”

Siempre recibían los mismos presentes,
camisetas, calcetines … y algún que otro cachete.
Estaba claro que pasaban estrecheces, pero… al menos…
un beso, una caricia o cantar un villancico tal vez los hiciera más ricos.
Sin embargo, los mayores confundían el no poder comer pavo,
con ser más bien huraños.

El abuelo, ese año, no soportaba más la pena de su nieto,
así que haciendo un esfuerzo, le regaló unas monedas:
“Toma hijo, cómprate lo que quieras y no pases más pena”
El niño pensó, “tal vez en otro sitio esté mejor”,
compró un billete de autobús y se marchó sin decir ni adiós.

“¡Qué tragedia, qué desgracia,
el niño nos ha dejado desolados!”
“Todo por tu culpa, ¡no tienes disculpa!”
El abuelo cabizbajo, callaba por no soltar sapos.

Esas navidades, todos reflexionaron:
los padres echaban mucho de menos al pequeño;
el abuelo no se arrepentía, sin embargo, de su regalo;
los hermanos ni jugaban, ni reían;
el niño, pasaba mucho miedo y frío:
“aunque mi hogar sea triste y nunca me hayan visitado los Reyes Magos,
por lo menos tengo el consuelo de estar con los míos apretujado”.

El cinco de enero regresó,
esa noche hubo en la casa regocijo y agitación,
cantaron, bailaron y se besaron.
Por la noche la madre depositó una poesía de Melchor
en la mesita de cada uno de los hermanos.
¡Siempre recordaron
el más precioso regalo
que recibieron de los Reyes Magos!

A. Ferri

* Fotografía:

“Escaparate de juguetes-años 50” Martín Santos Yubero-Madrid http://www.rafaelcastillejo.com/navidad.htm

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2 comentarios en “Los Reyes Magos

  1. Porque siempre hay un regusto de tristeza en la Navidad ??…..A mi me gusta ,pero lo que no me gusta es el sentirme obligada a consumir.Intento que sea lo mas normal, pero eso si con luces , mi arbolito,mis dulces ,mi champan a y mis regalos…que no los perdono ja,ja,ja……

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