antonio mora

Un día nublado es el reposo, el letargo del devenir del universo,
el momento en que las isobaras ejercen la presión necesaria,
para aplacar iones de tanto desconcierto.
Un cielo opacado es la rendición a fuerzas invisibles,
el lapso que anuncian las aves antes del tsunami,
en que esperas materializar los imposibles.

Es la presión que se sienta a la mesa sobre
el mayordomo gris autoritario, y aplaca el latir
de los empeños: tus dobles, que nacen
en cada anhelo frustrado, que viven en las casas
que legaste junto a otros moradores;
los dobles que realizan las proezas, que viven peripecias,
que no callan la voz, que alzan el puño, y que persiguen
los sueños arrinconados en esquinas.

Y el día soleado, ejerce el magnetismo necesario
para el despliegue de incombustibles pares,
con los que si te reencontraras, mirándoos al interior de las pupilas,
por fuera tan iguales, tan gemelos, veríais un centro
luminoso multiplicándose para poblar de dobles estelares mil tierras.

Asun Ferri

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