Los cuadernos de Vieco

El universo interior, donde la poesía es la soberana absoluta, tiene la particularidad de ser inefable. Es como el aire; aparecen en él corrientes, diferencias de temperatura y tormentas, pero su propiedad primordial es la transparencia total y absoluta. ¿Cómo actúa, pues, ese universo interior, que es inefable y, no obstante, nada desea tanto como expresarse? Se sirve de un subterfugio. Finge estar interesado, y mucho, por la realidad exterior. ¿Se hunde un gran estado? Estupendo, el universo interior está encantado: ya tiene un tema. La muerte aparece en el horizonte. El universo interior, que se cree inmortal, se estremece de alegría. ¿Una guerra? ¡De maravilla! ¿Un sufrimiento? ¡Albricias! ¿Los árboles? ¿Las rosas marchitas? ¡Todavía mejor! La realidad. ¡Bravo! La realidad es simplemente imprescindible; si no existiera habría que inventarla. La poesía se esfuerza por engañar a la realidad; finge preocuparse por sus pesares. Menea compasivamente la cabeza. Ay, otro…

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