Y yo que creía se quedaría conmigo toda la vida
retrasé construir el altar que me pedía
a sabiendas que collar sí que quería
pues era gata calculadora y fría.

Huyó espantada de aquella pira de puro infierno,
da igual ahora si fue colilla o gotas de incauto con
una lata de gasolina la que bruñó el espejo
donde quedaron atrapados los reflejos.

Quise reconquistarla, dejé cuadernos por los rincones,
pero de la nevera vacía sólo brotaban
promesas de leche fría y pan con mantequilla.

Tal vez quería almorzar con diccionarios todos los días
y bajo la excusa de rellenar con ceros un talonario
se sintió una incomprendida.

La veo a veces maullar por el vecindario,
caer como el hielo en la máquina de la pescadería,
rozando el suelo entre la costra de los pies descalzos
que pisan asafalto y en las almendras
levitando en septiembre sobre la cabeza de Eloísa.

Hay tijeras precisas para cortar cachitos de poesía.

A. Ferri

* Pintura “Papilla estelar” de la artista Remedios Varo

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