Fierabrás

El soniquete suena, melodía que traspasa la barrera de tu piel

y es alivio, torniquete, de las fracturas que guardas

en archivador de cartón.

En radiografías varias se fotografían hernias, protuberancias y perlas

engarzadas en melenas, morenas, rubias, doradas

que corean al unísono estribillos de canción.

Si tan transparente fueras, casi casi como un fantasma,

¿qué harías en éste mundo? El sino es contradicción y repetir los errores

que se atribuyen a equinos, pobres seres, vilipendio de Fierabrás.

Platero, anhelo de paz, igual forjas una espada

que bruñes bellos colgantes con cuchara y tenedor.

Entre sístole y diástole vas componiendo canción

y rellenas los vacíos como ahuecas un jergón.

Agua y miel, como estribillo, agua y miel bálsamo férreo de tu voz melocotón.

Asun Ferri


Guillermo Pérez Villalta. Personajes a la salida de un concierto de rock, 1979.
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Mi debut

Boom, ZZ Top y John Lee Hooker – Blues

Boom, boom, boom, boom…

La música resonaba en la sala y mi padre, con las manos pegadas a la tela del altavoz, sonreía y lloraba al tiempo. Resbalaban las lágrimas por los surcos de su rostro curtido, formando lunares translúcidos al compás de la melodía, en la superficie ocre de la camisa de seda que vestía en los acontecimientos memorables.

Boom, boom, boom, boom…

“Cuando tu me hablas,
Este bebé habla
Me gusta el estilo
Whoa, yeah!
Hablar por hablar, caminar por caminar”

El aire insuflado en la caja restallaba en su cuerpo y sus pies acompasaban el ritmo del blues que le dedicaba en mi debut como vocalista. Se enjugaba los ojos, negando al tiempo con la cabeza. No podía permitirse la vista nublada en aquel momento. Su mirada al escenario encontraba la mía, mientras seguía cantando con un nudo atenazando mi pecho, intentando que la emoción desbocada no ahogara mi voz.

Boom, boom, boom, boom…

“Y si hablamos por hablar,
Y susurra en mi oído,
Dime que me quieres
Me encanta que hables
Al hablar así,
Me dejas noqueado,
Justo al lado de mis pies”

El llanto lo desbordó al cesar la vibración, cuando volvió el silencio, gesticuló un “te quiero, hijo” y se dobló en sí mismo cubriendo su rostro con el brazo. Bajé raudo del escenario para abrazarlo. Fundidos los dos, lo besé en la mejilla aspirando el peculiar aroma de su piel impregnada por la loción de afeitado y la nicotina del ambiente. El sabor salado de sus lágrimas completó los cinco sentidos: la vista, el tacto, el olfato, el gusto y el oído, del que mi padre carecía, sordomudo de nacimiento.

Asun Ferri

 

* Dejo una lista de las páginas en las que busqué inspiración, con más o menos tino, para escribir éste micro que surgió por la conversación con un trabajador de la once, gran aficionado al rock, cuyo hijo es cantante profesional.

http://lossordospuedenescucharmusica.blogspot.com.es/

http://medicinaycine.blogspot.com.es/2010/09/belinda.html

https://callerealfm.wordpress.com/2009/10/21/boing-wham-bam-las-onomatopeyas-musicales-de-mike-stanley/

El maná

El maná

“¿Qué le pongo?” Me llega el turno. Un cacharro como ese, pienso. “Voy a ver”. Recorro con la vista el mostrador repleto de pescado, el sonido del hielo saliendo de la máquina me ensimisma de nuevo. La dependienta espera paciente, ni una mueca. Elijo unas doradas, no sé, será por el nombre, les ha tocado la china; que las limpie, las desespine y así podré seguir absorta viendo cómo caen los cubitos. Es como un maná, inagotable, la multiplicación mágica.

Se supone que en el pueblo debía oler a heno, a pesebre y oirse a los gallos al amanecer. En cambio, la inauguración del pequeño supermercado ha sido un éxito. Las reponedoras y las cajeras no dan a basto.

Al anochecer me siento debajo del almendro, los frutos que maduran producen un sonido estrepitoso contra el suelo… y caen sobre mi cabeza, los hombros, el regazo. En una cesta recojo las almendras y con una piedra descascarillo algunas, las lanzo hacia el cielo y sobrevuelan las fauces abiertas de mi perro. El maná. Relajante.

A. Ferri

*Fotografía del artista alemán Justin Peter. Vista en la red.

¿Quién lo iba a decir?

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Esto es lo que ocurre cuando te decides a revisitar a tus héroes de la adolescencia, descubres que no lo son del silencio y que, tal vez, pululaban por tu subconsciente cuando la frase “…han caído los corazones…” pugnaba por convertirse en poema remedando “Han caído los dos” de Radio Futura.


¿Quién lo iba a suponer? Magnífica interpretación, fabulosa traducción y divertido vídeo (recreando el baile de Mia y Vincent en Pulp Fiction), un placer inesperado que enjuga la nostalgia.