E-pi-fanía

Ai-Weiwei-Tate-millones-porcelana

 

Comer pipas o papas es una epifanía. Un ritual. Abrir el paquete de plástico y comenzar con la primera, en una tarde de playa, paseando por la orilla, casi a punto de oscurecer, o en el sopor del mediodía, cuando acucia el hambre. Elevar el fruto en su cáscara hasta los incisivos, saboreando con la comisura de la boca la adherencia salada, masticar un nimio fruto y tragar. Continuar con el siguiente, y el otro, y otro más, hasta que la lengua se seque. De forma compulsiva, repetir los mismos movimientos de muñeca, antebrazo y codo sin quedar saciado, no poder decir basta a ese instante en que sólo tienes un objetivo: conseguir descascarillar la semilla sin que se astille la corteza en el paladar y sujetar entre las yemas de los dedos dos perfectas coberturas para tapizar el suelo de la primigenia concentración.

Asun Ferri

Imagen: el artista Ai Weiwei tapiza el suelo de la Tate con cien millones de pipas de porcelana.

Anuncios

La chica de ayer

Te veo subiendo a la acera en un respingo, señalando el monigote del semáforo, y mascullando palabrotas al apresurado motorista que te ha puesto perdida de barro. Estás preciosa hasta con el uniforme deslucido de esa barata cadena de supermercados.

En la luna de un gran escaparate se refleja tu figura apretando el paso, mientras miras el segundero anclado a las venas de tu muñeca como las vías de un suero. Y la mía, enfundado en éste mono de obrero, se evapora entre el humo de los coches, elevándose hacia las hojas entreabiertas de una ventana al pasado.

Mi cabeza da vueltas persiguiéndote… recuerdo tu pelo mojado, cuando cruzábamos de imprevisto cogidos de la mano, riéndonos de la mansedumbre que se guarecía de la lluvia en el portal de la academia.

Me escrutarán tus ojos de ayer…, demasiado tarde ya… Obedezco cierta voz de sensatez que dirige mis pasos hacia el próximo cruce cuando la luz indica paso. Entre las respuestas a aquellos test, absorbimos docilidad junto a las normas de seguridad vial.

Asun Ferri

Campaña navideña

arbol de navidad

Me habían raptado los domingos, tenía síndrome de estocolmo
y apego a aquel megáfono que me destrozaba la oreja acribillada a villancicos.
Los lunes para mí no eran lo mismo, el sol amanecía neblinoso,
y era un descanso nervioso repleto de gestiones onerosas.
Los viernes convertidos en preludio de un fin de semana inexistente
para los trabajadores que hacían de recaudadores de las multinacionales 

disfrazados de Reyes de Oriente.
Si han de pagarme con carbón dejémonos de chuscas farsas,

si luego baja el ipc por el período de rebajas, conmigo que no cuenten
para un nuevo contrato de becario conteniendo a las enferverecidas masas.
Que rueden monedas de cacao envueltas en metálico dorado
y que ejerzan los magos su función sacando caramelos entre el pelo,
que se descorra el telón y caigan las estrellas del cielo.

Asun Ferri

Corazón que siente

Entrada al Camí de l'Alqueria del Grande./ JUANJO HERNÁNDEZ

 

Cuando el calor aprieta, saliendo de la universitaria avenida que llega hasta el mar, enfilando la Ronda Norte, enésima circunvalación de la ciudad, que discurre paralela al reducto de huerta entre la periferia y el ya casi engullido pueblo, un gran frescor alivia el interior del sofocante habitáculo, es el aire de la huerta. Saliendo de la cicloruta, antigua vía ferroviaria, el viento eleva el lacio cabello de una ciclista que espera el cambio en el paso de peatones. En la rotonda emerge de un solar vallado la cabeza de cartón piedra de la estatua de la Libertad, el ángulo de visión hace confluir el cartel de “se vende” colocado, seguramente, de forma intencionada en la cerca metálica. Enfrente un moderno edificio de la Policía Local, un poco más abajo, en sentido contrario al de la marcha actual, un simulacro de barraca en la terraza veraniega de una conocida horchatería. En el huerto urbano, entre los islotes de edificios y emergentes alcantarillados, las gallinas picoteaban tranquilas. Por la estrecha acera, a primera hora, caminaban presurosas parejas de ancianos, parloteantes grupos y madrugadores deportistas profesionales, a ésta hora del mediodía, en el otro lado, los trabajadores del transporte metropolitano conversan mochila al hombro con el fondo del cableado y vagones estacionados.  Y otra mirada a la huerta ¿primitiva?, un horrendo almacén de chapa metálica y un solitario burro paciendo a la sombra. Una alquería reconvertida en centro Bonsai y una precaria vivienda, tienda de campaña, junto al imprescindible acceso al agua de la acequia, donde, más allá, un huertano se refresca cara y nuca. Su velocidad: 50, 51, 60 … me parece que la señal luminosa va a ocasionar más accidentes que los que intenta evitar a la entrada del túnel, una corona de flores artificiales en una farola nos lo recuerda mejor que el dichoso artilugio… la oscuridad…, y en el siguiente tramo, siempre congestionado, se acaba el mirar de lado a lado, midiendo la distancia entre frenada y frenada, … ojos que no ven…

A. Ferri

 

* Imagen:  http://elhype.com/es/paseos-al-l%C3%ADmite-7-entre-la-huerta-y-el-caos