A ver a Vera y Lucía

A medida de las dos hermanas Vera y Lucía, pero especialmente de Lucía,  la primogénita, que a su corta edad, debe asumir dejar de ser el centro de atención de la casa, querer mucho a su hermanita, y además “la responsabilidad de ser la mayor de las dos”:

A ver a Vera y Lucía

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Notas mágicas

Es imprescindible, para la comprensión del lenguaje misterioso contenido en algunas frases de éste cuento, que el lector se familiarice con el idioma tahitiano.

Repetir éstas frases en voz alta:

– Ea haere ai oe

– Nave nave moe

– Nafea faa ipo ipo

Y sobre todo,

– Vahine no te vi

Ya estáis preparados para su lectura.

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Lucía es una niña simpatiquísima, con gran sentido del humor, delgadita y muy morenita.

Hace nada nació Vera, su hermanita, con la cara gordita, tersa y sin una arruguita.

Su casa ha sido un ir y venir sin fin: todo el mundo quería ver a las dos hermanitas, ¡por fin juntitas!

Al llegar al portal, la portera los recibía:

– ¿A dónde van?- preguntaba.

– A ver a ver a lucía.

La portera sorprendida, – la sexta puerta –decía-. “Qué raro hablan”, musitaba pensativa.

Otro día, unos amigos subían, la portera que bajaba…

– ¿A dónde van?- preguntaba.

– A ver a ver a lucía.

– La sexta puerta –indicaba-. “Serán de Tahití”, musitaba pensativa.

Sus yayos las visitaron; a ellos la portera los conocía.

– Hola Manola.

– Hola yayos de Lucía y Vera.

– Vamos a ver a ver a lucía.

La portera, que todo lo discutía, les corrigió:

– ¡Oh, por favor!, se entiende mucho mejor: ‘vamos a ver a Lucía y a Vera’, primero la mayor y luego la pequeña.

– ¡Ah!, pero Lucía también es aún pequeña, es mucha responsabilidad para ella.

Lucía, que jugaba en el rellano, oyó hablar a sus yayos. “¡Hum!”, pensó, “la portera tiene, por una vez, la razón”.

– A partir de ahora –les dijo a papá y Carmen- que todos digan: “vamos a ver a Lucía y a Vera”. Sé que soy la mayor, pero como aún soy muy pequeña, digamos que soy la primera.

Y colorín, colorado éste cuento ha terminado.

A. Ferri

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