Ira acunada

siete pecados capitales

Que impotencia la vuelta atrás, regresar, desperdiciar el camino, anegado por hologramas de indescifrables significados, que emergen empecinados en el barro de las arenas movedizas donde se hunden los sueños. La dicha queda lejana, se mostró plena, magnánimamente se colaba por rincones, inundando los resquicios, adhiriéndose a los átomos: neutrones y neutrinos le cedían el mejor sitio. Pero retorna, incomprensiblemente, su malsano alimento, la rabia acompañada de saña, revestida con venganza, la ira que todo lo arrasa, la ira niña mimada, la ira, iracundamente mecida, sobrevuela la manada, cebándose en los más mansos, cuando ha sido transportada por los temperamentales que no dudan en expulsarla si no pueden transformarla.

A. Ferri

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