La casa en el aire (Alicia Genovese)

La casa en el aire

junio 29

El terreno fue desmalezado
y la tierra apareció rugosa
como la piel de un recién nacido;

apilados los troncos
dominada la zarza en lo bajo
entré y con una vara
marqué la zona para rellenar,
poco alcanzado por el sol
un limo informe;
al darme vuelta
vi el círculo de árboles
donde iba a estar la casa
y permanecí en su interior
como en un campo gravitatorio;
era el aire, un soplo,
una bienvenida; concluía
un país extranjero
y el páramo invernal,
despoblado el monte
a machete, se reordenaba
con los nuevos
accesos de la luz;
supe de los lugares que te eligen
y se convierten en un centro
sólo con mostrarte
que hay tierra alrededor
que en un giro
se oxigena el futuro;
a la extensión desprovista,
me entregué, sin votos,
a esa soleada austeridad
me confié, sin liturgias;

la vara era tibia
como la primera chispa
y el comienzo, ése

a través de La casa en el aire (Alicia Genovese) — Caminar por la playa

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Los puentes

Puentes Antonio Mora

 

LOS PUENTES

Pedro Salinas

 

¿Qué habría sido de nosotros, di,

si no existieran puentes?

Pero hay puentes, hay puentes. ¿Los recuerdas?

Nada mejor para pasar las noches

sin algas, en que enero

escribe cartas a la primavera

con níveos alfabetos sobre el mundo,

que abrirse la memoria, el viejo álbum

que lleva en casa varios años

puesto sobre la mesa de la sala

para que se entretengan las visitas.

Voy a abrirlo.

Y como estás dormida y estás lejos

lo podemos mirar sin esa prisa

que tiembla en tu mirada cuando vienes.

Lo podremos mirar, sí, con los ojos

que tú te quitas siempre y que me entregas,

cuando vas a dormir, como sortijas,

para que yo los guarde y no esté ciego.

(Tus ojos son más míos cuando duermes

porque miran a nada o a los sueños,

y yo soy ese sueño, o nada, tuyo.)

Y hoja por hoja,

sin miedo a que se escape tu mirada

con algún dios que cruza por la esquina,

iremos, yo, tus ojos y yo, mientras descansas,

bajo los tersos párpados vacíos,

a cazar puentes, puentes como liebres,

por los campos del tiempo que vivimos.

No puede haber un puente

tan breve como éste,

que es el primero que encontramos: tú.

¿Recuerdas cuántas veces

lo hemos cruzado?

Por lejos que se esté si digo: “tú”,

si dice: “tú”, se pasa invariablemente,

de mí a ti, de ti a mí.

Se pasa

sin sentirlo las alas,

y de pronto me encuentro

en el lugar más bello de tu orilla

a la sombra que me hace siempre el alma

cuyo tierno ramaje inmarcesible

son tus miradas, cuando a mí me miran.

Millones de palabras nos apartan,

nombres propios o verbos,

y hablar de lo demás es siempre un río

que aumenta las distancias de este mundo,

hasta que sin querer se dice: “tú.”

“Tú”, la palabra sola

por donde un gran amor puede pasar

a las islas felices,

seguro, con su séquito

de caballos alegres y corales.

[…]

Pedro Salinas, La voz a ti debida

 

* Fotografía de Antonio Mora.

Revista digital Valencia Escribe, mes de marzo

La revista digital Valencia Escribe, donde colaboro, ya va por el número 11. Cuentos, poemas, relatos, fotografías y dibujos excelentes.

Se puede leer en la plataforma yumpu pulsando en la fotografía.

Para leer:
https://www.yumpu.com/es/document/view/37267896/numero-11-marzo-2015

Para descargar (en formato PDF, 6.66 Mb):
http://www.mediafire.com/view/0lcj22c4c8tgz2n/VE-11_MARZO.pdf

tomasz alen kopera

 

“El entregarse a formas de la naturaleza irracionales, crespas, extrañas, despierta el sentimiento de que nuestro interior armoniza con la voluntad que otorgó el ser a dichas formas -al punto estamos tentados de tomarlas por nuestros propios caprichos, nuestras propias creaciones-; vemos temblar y desvanecerse las fronteras entre nosotros y la naturaleza y experimentamos esa sensación de no saber si las imágenes de nuestra retina procede de impresiones exteriores o interiores.  En ninguna parte descubrimos con más facilidad y sencillez que en este ejercicio hasta qué punto somos creadores, hasta qué punto participa nuestra alma en la constante creación del mundo. Más bien diríamos que es una misma divinidad indivisible, activa en nosotros y en la naturaleza; y si llegara el fin del mundo, uno de nosotros sería capaz de reedificarlo, que monte y río, árbol y hoja, raíz y flor, todo lo formado en la naturaleza está preformado en nosotros, procede del alma, cuya esencia es eternidad, cuya esencia no conocemos, pero que la mayoría de las veces se nos da a conocer como capacidad de amor y fuerza creadora.”

Herman Hesse

Arte y artistas. Pensamientos recogidos en “Lecturas para minutos”

 

* Pintura de Tomasz Alen Koper