Hannibal

clarice

También aúllan corderos en mi lecho,
y despierto con la lana entre mis dientes
empapado en el sudor frío de pesadillas permanentes.
La estulticia disecciono con pericia
chasqueando el paladar sutilmente.
Domado he a mi subconsciente,
me prodigo dando suelta a mis instintos,
elevándolos a supinos retos de inteligencia.
Eres valiente, persiguiendo al más cruel de los entes,
eres bella y clara, arriesgada, devoraría mi mano
antes que hacerte algún daño.
Acuérdate, el bolso de mano ha de hacer juego con
el calzado, ha ser posible de piel, mi Penélope de papel.

A. Ferri

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El marido de la peluquera.

Anna Galiena- El marido de la peluquera

 

Viajamos con pasajes para dos en caracolas

por los mechones de mi pelo ondulado

de espaldas al mundo tras el cartel de cerrado,

el deleite cumplido de adolescentes pasiones

proyectadas en las sinuosas curvas

de mis senos recorridos por tus dedos.

 

Embriagados de amor apuramos

los frascos de colonia, los afeites

y lociones a falta de cualquier buen vino

y tú disfrazado como una reina mora

con lentejuelas y gasas interpretas

la ridícula danza que cautiva mis sonrisas.

 

Has cumplido tu sueño, pero yo no el mío,

¿qué quedará cuando la rueda tirana

de la rutina deteriore las pasiones?

Mañana habré desaparecido,

inexplicablemente me precipitaré

a las aguas turbulentas de aquel río.

 

Por siempre recordarás que fuiste feliz conmigo,

y tal vez, creyendo que viviste un espejismo,

esperarás, como ido, en el pequeño local

que tu deseo incumplido se materialice de nuevo.

Te dejo, querido, todo éste amor disparatado

y la locura que traías antes de decirte “sí, quiero”

dará aliento a tu día cuando abras mañana la peluquería.

 

A. Ferri

Percusión

reservoirdogs

Habían matado a más de una docena. De un tiro certero, unos cuantos, otros con ametralladora y, algunos más, con granadas de mano.

Celebraban el final de la batalla, con espasmódicos movimientos en un baile ritual, casi satánico, sincronizados en la distancia por la maléfica percusión. Sonaba Stuck in the Middle With You a todo volumen.

Los ruidos sordos de las pisadas retumbaban con fuerza en el piso inferior. Decidió subir alertado por la inusual algarabía. El chasquido del pomo de la puerta de la habitación coincidió con el brusco cese de la música.

– ¿Va todo bien, hijo?
– Sí, sí.
– ¿Qué era ese alboroto?
– ¿Qué? ¡Ah! un anuncio de publicidad que ha saltado.
– Vale, vale.
– Cierra la puerta al salir…, por favor…

Salvo una imperceptible agitación respiratoria, todo parecía en orden. Controlando el ligero temblor de su pequeña mano aferrándose al gatillo de la mortífera arma, subió de nuevo el volumen del altavoz de Skype:

– Pero, ¿qué dices tío?
– Nada, nada. Hablaba con mi viejo. ¿Jugamos otra?

A. Ferri

 

* El señor Rubio bailando Stuck in the Middle With You del grupo Stealers Wheel en Reservoir Dogs.

Fargo

fargo

En ese sitio imaginario

donde confluyen los mapas

en la profunda Dakota,

cuna de la placidez pasmada…

se persigue la vileza

por una agente preñada,

donde la codicia se paga

con un tiro por la espalda,

donde el yerno sin escrúpulos

sacrifica a su princesa

por un saco de billetes

que recompongan promesas.

.

El eterno femenino circula

por la carretera helada,

busca pistas desalmadas

que la lleven al arresto

de los déspotas asesinos.

Enfrentada al puro horror,

irradia su corazón

el amor por su marido

dedicado a pintar sellos,

y a preservar el hogar

de la azarosa fatalidad.

.

Como en un cuento de hadas

nos emboba su mirada,

es la princesa tranquila…

¡tan bien acompañada!

¿quien no quiere un rey en casa

que al terminar la jornada

te traiga las zapatillas…?

¡Psicópatas, asesinos,

estafadores, ladrones…!

¿no sabéis que con inteligencia,

y tranquila perseverancia

os persigue la teniente?

Sentid ya su perfumado aliento

en vuestro cogote grasiento.

.

Esconderos en un hoyo o

en lo profundo del bosque,

desistid de destruir pruebas,

la templada policía dará

con un trozo de ellas

a punto de ser trituradas.

Con coraje suficiente

se llevará por delante

hasta al mismísimo Lecter,

armada de valentía

para restaurar el orden:

¡los patéticos a la cárcel!

… Y en el asiento trasero

del vehículo policial

terminará la película

con un sermón maternal.

.

A. Ferri

* Fotograma de la película Fargo, dirigida por los hermanos Coen.