Linealidad virtual

ELBESO2

Leyendo entre líneas se reencontró con su antiguo profesor de matemáticas -ese asturiano chisposo y tangencial- en un foro de internet de ciencias aplicadas; la amenidad de sus clases tenían, según ella, relación directamente proporcional al mayor o menor grado de rojez de su nariz.

Esa misma semana coincidió con su estirada casera en el chat del portal donde hojeaba destino hotelero navideño; ésta, era especialista en husmear desconchados y tantear baldosas, calculando con cada vaivén de sus talones el importe de la subida del alquiler…

Habitualmente, el soniquete del teléfono, como la campana de Paulov, la conectaba con su compañera de spinning en el grupo de whatsapp; pitonisa en ciernes, adivina de estados carenciales basados en emoticonos de mensajes instantáneos…

Sumida siempre en inferencias y deducciones, rechazó las advertencias premonitorias de su amiga, y, ahora, sus ojos se negaban a componer el nebuloso baile de reproches de la nota de despedida que su novio le había enviado en un privado de la red social Facebook, donde la mandaba, literalmente, a cierto conocido lugar sin que cupiera ninguna clase de interpretación.

A. Ferri

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Punto muerto

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Tras un chirriante frenazo, dejó el cambio en punto muerto y salió a toda prisa. El tiempo se había detenido, pero su corazón golpeaba el pecho con fuerza marcando los angustiosos intervalos desde que lo viera alejarse de su lado. A través de la luna delantera, intuía a los curiosos viandantes que se acercaban a observarlo. Alternativamente, sus tímpanos se obstruían por los continuos bocinazos de los despistados que se quedaban atascados detrás de su vehículo. El semáforo cambió varias veces, del rojo al verde, pasando por el amarillo, y él, mantenía su postura impasible en el asiento delantero. Un agresivo conductor comenzó a golpear la ventanilla, insultándolo, incluso propinó varias patadas a la chapa de la puerta, estirando, al tiempo, del manillar para forzarlo. La policía local acudió momentos después, atisbando el interior; ante la actitud pasiva del apabullado ocupante se limitó a tomar nota de la matrícula para concluir la denuncia. El agente, sin dejar de mirarlo, acercaba su boca a la solapa del uniforme para dar aviso a la grúa, que llegó al cabo de unos minutos.

Desde la curiosa atalaya podía contemplar el paisaje hasta el depósito de coches a gran velocidad. La ciudad quedó atrás, llegando a un desolado polígono industrial. Entre las fábricas convivían pequeños núcleos de destartaladas viviendas y solares repletos de amasijos herrumbrosos o enormes pilas de neumáticos; en el borde de uno de ellos, junto a un árbol, atisbó un envase de plástico lleno de agua y un periódico con restos de comida que le hicieron, irremediablemente, comenzar a salivar. La grúa tomó un estrecho sendero y se introdujo por un gran portón coronado por un viejo mini granate destripado. El empleado de la grúa accionó los mandos posando el vehículo en un pequeño hueco entre los demás coches polvorientos; le lanzó una mirada escéptica, escupiendo al suelo al tiempo que le daba la espalda.

Se acomodó en el asiento trasero en postura fetal. Permaneció allí durante toda la tarde, aunque le parecieron semanas, ¡meses! Otra vez lo había abandonado, ¡el muy inconsciente!

Desde la oficina donde había desaparecido el empleado, se oyeron unas voces familiares, el inconfundible olor hizo que se pusiera en pie sobre el tapizado comenzando a ladrar frenéticamente. Cuando su dueño abrió la puerta del coche se abalanzó sobre él y, tentado estuvo de propinarle un buen mordisco, ¡se lo había ganado!

 

A. Ferri

 

* Fotografía de Thomas Roma

 

Impresionantes las fotografías de Martin Usborne. Me costó ésta vez, un buen rato, seleccionar la fotografía para el cuento, a veces, aparece la ideal como por arte de magia, y en otras, aparecen días después, como en éste caso, aunque no las hubiera utilizado por demasiado obvias:

“Una vez, cuando era muy pequeño, me dejaron solo en un coche. El miedo que sentí fue fuerte: en la mente de un niño es posible quedarse solo para siempre.”

En “The Silence of Dogs in Cars” Martin Usborne revive esa experiencia fotografiando perros encerrados en coches. http://goo.gl/5s6I24

Visto en la página de facebook  “Siéntate y observa. Página de fotografía.”

 

Percusión

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Habían matado a más de una docena. De un tiro certero, unos cuantos, otros con ametralladora y, algunos más, con granadas de mano.

Celebraban el final de la batalla, con espasmódicos movimientos en un baile ritual, casi satánico, sincronizados en la distancia por la maléfica percusión. Sonaba Stuck in the Middle With You a todo volumen.

Los ruidos sordos de las pisadas retumbaban con fuerza en el piso inferior. Decidió subir alertado por la inusual algarabía. El chasquido del pomo de la puerta de la habitación coincidió con el brusco cese de la música.

– ¿Va todo bien, hijo?
– Sí, sí.
– ¿Qué era ese alboroto?
– ¿Qué? ¡Ah! un anuncio de publicidad que ha saltado.
– Vale, vale.
– Cierra la puerta al salir…, por favor…

Salvo una imperceptible agitación respiratoria, todo parecía en orden. Controlando el ligero temblor de su pequeña mano aferrándose al gatillo de la mortífera arma, subió de nuevo el volumen del altavoz de Skype:

– Pero, ¿qué dices tío?
– Nada, nada. Hablaba con mi viejo. ¿Jugamos otra?

A. Ferri

 

* El señor Rubio bailando Stuck in the Middle With You del grupo Stealers Wheel en Reservoir Dogs.

Revista digital Valencia Escribe, mes de marzo

La revista digital Valencia Escribe, donde colaboro, ya va por el número 11. Cuentos, poemas, relatos, fotografías y dibujos excelentes.

Se puede leer en la plataforma yumpu pulsando en la fotografía.

Para leer:
https://www.yumpu.com/es/document/view/37267896/numero-11-marzo-2015

Para descargar (en formato PDF, 6.66 Mb):
http://www.mediafire.com/view/0lcj22c4c8tgz2n/VE-11_MARZO.pdf