Autómata

el-caballero-nocturno-01

Soñé que ya estaba todo dicho. Me levanté afónico… y el portátil sin batería.

A. Ferri

El último vuelo

Alex Alemany

María no comprendía mi firme rechazo a fotografiarnos juntos. Lo atribuía a cierta reticencia en formalizar nuestra relación. Nada más lejos de la realidad. Acabábamos, prácticamente, de conocernos, pero nuestra complicidad y entendimiento,  pronosticaba una unión duradera. Tarde o temprano debería darle una razón de peso que alejara sus dudas e incertidumbres sobre mi compromiso con ella. Por eso decidí explicarle…

En el paseo marítimo que circundaba la playa donde nos conocimos, junto a una de las entradas hacia la arena, la baranda de piedra aparecía cubierta con flores frescas todos los veranos, como las que se depositan en ciertos puntos de la carretera donde se perdió la vida de alguna persona en un fatídico accidente. En ese lugar, durante la temporada estival se instalaba un artista de la localidad, retratista, a exponer sus óleos y acuarelas mientras bocetaba el siguiente encargo que algún veraneante le había solicitado.

Trabamos una entrañable amistad, incluso conocí a su novia y a su hijo mayor. Pintaba realmente bien, sus retratos eran verdaderas pinturas del alma del que posaba. Al atardecer, me pasaba horas interminables conversando con él o con Isabel, su novia. Ambos eran divorciados y la vida les había dado una segunda oportunidad, en poco tiempo su relación había solidificado de una forma estable y madura, pero también juvenilmente ilusionada, que se reflejaba en el brillo de sus cómplices miradas. El era afable, aunque misteriosamente contenido, y ella, más expansiva, siempre tenía una sonrisa al hablarte, si no en sus labios, brotaba irremediablemente de sus ojos.

Una tarde, al final de la temporada, conforme iba acercándome al enclave, se vislumbraba un lienzo de grandes dimensiones apoyado en el muro de piedra. Supuse que sería la obra de la que tanto me hablaba últimamente, en la que estaba trabajando. Me sentía como un niño pequeño los segundos previos a la apertura de los regalos de navidad, un emocionante hormigueo iba creciendo en mi estómago y la respiración cada vez era más entrecortada. Iván me sonreía en la distancia, no con la sonrisa habitual, sino con la sonrisa cómplice de la que había captado, a su vez, en mi rostro. El lienzo estaba cubierto con una sábana para protegerlo del relente y de la arena. La expectación era máxima, tras marchar unos paseantes con los que intercambiaba unas breves frases, descubrió la tela pronunciando un teatrero ‘tachán’ acompañado de la horizontalidad de sus brazos mostrándome la pintura.

No pude evitar dejar traslucir el abatimiento que me inundó, la expresión de mi cara cambió drásticamente, mi cuerpo pesaba toneladas y fui incapaz de modular palabra alguna. La pintura era un posado conjunto con su novia, casi en tamaño natural, perfectamente ejecutada, el parecido era asombroso como todos los que emprendía; el ambiente recreado envolvía las figuras reflejando plenitud y alegría en virtud de los luminosos colores aplicados. A Iván se le ensombreció el rostro, inquiriendo sin demora la razón de mi desaprobatoria actitud, pues estaba seguro de su maestría y no dudaba de mi sinceridad las ocasiones en que alababa su trabajo. Como pude, rápidamente inventé una excusa, atribuyendo, lo más convincentemente que pude, mi repentino desánimo a la idea preconcebida formada en mi imaginación, en la que había forjado, éstos días, la ilusión de un cambio de registro en su trayectoria, que habría pintado un paisaje o una instantánea veraniega, tal vez marítima,  siendo tal el convencimiento de ello que había dado lugar a esa desafortunada reacción.

Fue tan brusco mi comportamiento que Iván no pudo evitar mostrarse receloso y fuimos incapaces de restablecer esa tarde el tono lúdico de las conversaciones habituales, así que urdí torpemente una nueva excusa y me marché.

Coincidió aquel encontronazo con un compromiso ineludible que me alejó de la localidad  por un breve tiempo. A mi regreso, acudí ávidamente al paseo marítimo con la esperanza de que el tiempo hubiera diluido mi torpeza, aunque cuando mi mente reproducía la sensación que tuve al contemplar el posado, la inquietud se apoderaba de nuevo de mi ánimo.

La primera tarde en que encontré su sitio vacío, no le di mayor importancia, e incluso, una ligera sensación de alivio me reconfortó al poder posponer afrontar el primer cara a cara, en que probablemente, como unos amigos adolescentes tras una pueril pelea de juventud, hubiera titubeado o hasta tartamudeado al dirigirme a él. Pero la segunda tarde en que no lo encontré en su sitio habitual, me invadió inmediatamente un presentimiento similar al que sentí cuando contemplé el retrato de la pareja.

El impreciso augurio se enmascaró con un creciente nerviosismo, y dando una vuelta sobre mí mismo, oteando los alrededores, intentaba encontrar el alivio a mi angustioso estado, atisbando la familiar figura del pintor o su novia aproximándose entre el gentío.

Finalmente, pensando de forma racional, me acerqué al bar donde solíamos sentarnos a mitad de tarde, para interrogar al dueño en busca de una respuesta sobre su paradero. Nada más verme entrar su rostro cambió, recibiéndome con una mirada adusta y fría. Tras saludarme me acercó el periódico local del pasado fin de semana que tenía guardado bajo la barra, diciéndome que le disculpara pero le era imposible entretenerse, el establecimiento estaba a esas horas a rebosar, en las páginas centrales encontraría toda la información a los interrogantes que adivinaba quería despejar.

Desconocía que ambos fueran aficionados al vuelo a motor, el ultraligero que pilotaban juntos había caído a plomo en las montañas que coronaban en la lejanía la playa. El murió en el acto, ella sobrevivió unas horas tras el desesperado rescate de los demás compañeros, pero nada pudieron hacer mientras llegaba el servicio de emergencia.

Completamente abatido, decidí acercarme a ver a su hijo mayor, estaba seguro que lo encontraría en casa de la madre de Iván, muy conocida en el pueblo. Allí estaba el chico, cansado de que le preguntaran por detalles escabrosos, conociendo de mi aprecio por el saber hacer de su padre, me acompañó al salón donde su abuela había ya colocado el retrato de su hijo y su novia.

El día anterior a la excursión, no pudo evitar oírlos hablar entre ellos. Isabel había convencido a su padre para realizar aquel vuelo, me contó brevemente, él hubiera preferido pasar el día terminando tranquilamente el retrato. Solamente faltaban unos retoques en el rostro de ella para finalizar el cuadro y, fastidiado, los tuvo que dejar para su regreso. Su padre había sido un gran apasionado del vuelo, iniciándola a ella más tarde, aunque últimamente prefería la comodidad de su estudio, ‘será el último…’ dice que le suplicó.

En confidente susurro me confesó que tras el funeral, su abuela y él se dispusieron a emplazarlo en el lugar elegido, observando ambos cómo en el retrato había quedado fijado el color y perfiladas las facciones de Isabel, el mentón y los pliegues de la comisura de los labios formando su radiante sonrisa, a pesar de que él mismo, había visto a su padre dejar esos pequeños detalles a medias la noche anterior, ‘fíjate bien, me dijo, está completamente terminado’. Tal vez se levantó de madrugada para acabarlo, le respondí, pero en la mirada del chico intuí el convencimiento de que su creencia era que la ejecución final del retrato trascendía las leyes de la lógica, se había convertido en una obsesión para su padre finalizarlo, dedicándole más horas de lo habitual, restándolas a otros trabajos. 

Y esa es la razón de mi rechazo a dejarme retratar. Dicen que las fotografías capturan el alma de las personas… y puedo corroborar que los auténticos artistas atrapan la esencia invisible que nos envuelve, de tal forma que escapa a cualquier posible raciocinio…

A. Ferri

*Imagen: Pintura de Alex Alemany

Añoranza

Vladimir Kush

De algún misterioso lugar

tomé prestadas palabras

que acudían en tropel

dispuestas a ser ordenadas:

unas veces como relato,

otras como poesía,

como crónica o como cuento,

como opinión o parodia,

igual me daba la forma.

.

El torrente se aquietó,

pasó a segundo plano…

suena el murmullo lejano,

quedaron silenciosas voces

atrapadas en papel imaginario

¡si algún día volaran de nuevo!

.

Desvestidas de entusiasmo,

afloraron sin esfuerzo,

¡de la guía generosa

viajaron con tal fuerza

que descarrilaba al ímpetu¡

Remolino incontrolable

de afilada concreción,

pugnando por despuntar

la verdadera emoción.

.

Se entregaron convencidas

de formar el paraíso,

ahora yacen dormidas,

descansan un sueño profundo,

no es la misión de la luz

deslumbrar al que acompaña,

sino mostrarle el camino.

.

A. Ferri

* Pintura: Vladimir Kush

Por debajo de la puerta

Por debajo de la puerta

Cuando las palabras no bastan, cuando las palabras no encajan, cuando no brotan, cuando se resisten -después de haber sido tan magnánimas-, y no se muestran, pues la alquimia ha volado hacia otra parte y, en el empecinamiento de estrujarlas, de exprimir su jugo, ha quedado el pozo seco, hambriento de experiencia. Así, afligida, te vences, dejando a un lado la terquedad, para por fin comprender que nunca fuiste patrona de ellas, pues no rinden reverencia a ningún tirano, se deslizan y vagan de boca en boca, de mente en mente, buscando a los auténticos voceros poseídos por la magia del momento; afortunados ellos, por un instante se creen sus dueños, tocados por la gracia del ingenio. Descubres que no son suficientes, que no son importantes, pues reclaman su esencia, mostrándose como simples sonidos y letras, sucesión de vocales y consonantes, repetidas una y otra vez, que pierden el sentido y se transforman en grotescas onomatopeyas parodiando tu intento vano de aprehender lo indescifrable.

Entonces en un amago de congraciarte, aunque sólo sea por un segundo -si deciden concederte su favor-, ejercitas, barajas las cartas y repartes, comprendiendo, que no las domarás con los deberes, pues son libres de andar por donde quieran, navegar por el espacio etéreo tocando con su estrella a aquellos que las llaman con verdadera devoción, para palpitar en sus corazones agitados, bombeando la energía y luz que alumbra la oscura materia dormida en los hilos neuronales que se forman con los destellos percibidos de, tal vez, la verdadera sabiduría, el misterio nunca revelado que juega gentilmente a enseñar la punta de los dedos por debajo de la puerta.

A. Ferri

* Imagen: Fotograma de la película Mulholland Drive de David Lynch en http://norocksolo.com/pierrick-sorin-o-de-como-alicia-atraveso-el-espejo/

¡Adiós, ingrato!

Había oído hablar muchas veces de “el miedo a la hoja en blanco”. Lo había visto escenificado en diversas películas, la agobiante y muda parálisis de artistas o escritores en el inicio del proceso de creación, a punto de comenzar su obra. Sin embargo, la escena fílmica que más le aterraba era aquella de “El resplandor” en que la joven protagonista descubre que su cada vez más irascible marido ha estado tecleando, repetida y compulsivamente, la misma frase en todas las hojas del montón de folios que se suponía debía contener su próxima novela.

Afortunadamente, nunca había experimentado una situación parecida. Amaba las hojas en blanco, contemplaba los paquetes de folios de su estantería con gran alivio, sabía que estaban ahí, disciplinadamente empaquetados, esperando a que los llenara de palabras, rimas, frases, párrafos, puntos y comas, de historias que dotarían a cada uno de ellos de una personalidad única, todos iguales pero diferentes gracias a él.

El apego era mutuo, no sin cierto temor, pues los folios habían visto con sus propios ojos, cómo si el resultado no era el esperado, la ira de su protector los hacía trizas, acabando con muchos de ellos concienzudamente, rotos en pedacitos y tirados a la papelera; era muy meticuloso, rompía los folios uno por uno, los desgarraba, hasta convertirlos en minúsculos trozos de no más de uno o dos centímetros de diámetro, sin dejar entera una sola palabra.

Una tarde hubo mucho trajín en la casa, desde la estantería del despacho se oían los golpes sordos de pesados paquetes dejados caer, con mucho cuidado, sobre el parquet de la entrada. Los folios se morían por saber qué ocurría, pero el peso de unos con otros los paralizaba. Afortunadamente, uno de ellos había quedado enganchado, tan sólo por una esquina, en el rodillo de la máquina de escribir; todos lo animaron a hacer el esfuerzo de soltarse y ayudado por una ráfaga repentina de viento voló con gran ímpetu hacia el pasillo.

Desde mitad del corredor se veía perfectamente la entrada del piso, grandes cajas de cartón reposaban en el suelo y el escritor las iba abriendo con gran expectación. Al decidido folio no le hizo falta ver el contenido, las imágenes en el embalaje ya presagiaban su terrible destino y, sobre todo, el fatal desenlace que le esperaba a su querida amiga, la vieja máquina de escribir. Ayudado por otra fuerte ventolera volvió rápidamente al despacho alertando a los demás. Un terrible helor recorrió cada una de las diminutas partículas de su celulosa, después temblaron presos del pánico y, finalmente, una incontenible furia se apoderó de todos ellos. La vieja máquina de escribir soltó un quejido desgarrador, el rodillo dio unas vueltas frenéticas sobre sí mismo y la cinta se desenrolló casi por completo saliendo de sus ejes. Sintieron una pena infinita al contemplar el sufrimiento de su vieja amiga, “doña teclas” la llamaban, por ser gruñona y quejicosa, aunque ésta vez con toda la razón del mundo. Decidieron vengar a su anciana amiga, ella no se podía mover de su emplazamiento, era demasiado pesada, así que, haciendo un esfuerzo sobremanera, se fueron deslizando poco a poco, resbalando del paquete que los contenía, hasta caer desparramados por el suelo de la habitación. Una definitiva ráfaga de viento huracanado, presagio de una poderosa tormenta, los ayudó a escapar, salieron todos volando y abandonaron despechados, la casa donde tan servicialmente habían habitado hasta ahora.

Ajeno a la revolución originada, el escritor fue trasladando al despacho las cajas. Lo primero era hacer sitio en la mesa, agarró bruscamente a la vieja máquina de escribir para depositarla en el fondo de un armario. Emplazó en el lugar elegido el ordenador, la pantalla, el teclado, la impresora… Cuando hubo terminado, se distanció un paso de la mesa y con los brazos en jarras, contempló los nuevos artilugios con gran satisfacción disponiéndose a encenderlos, estaba impaciente por comenzar a escribir…

… Un tremendo estruendo, seguido de numerosos rayos y relámpagos, retumbó por toda la casa, las luces se apagaron y todo quedó a oscuras. Corrió a la cocina a por velas, debía enviar su relato a la editorial hoy mismo por medio del correo electrónico, se había entretenido demasiado en el centro comercial y el tiempo se le había echado encima, lo escribiría a máquina, como siempre, y lo enviaría por mensajería urgente, no tenía tiempo para esperar a que volviera la luz. Se acercó a la estantería alumbrándose con el pequeño fulgor de una llama, “¡no podía ser!, ¿dónde estaban sus folios?”, un escalofrío recorrió su columna vertebral de principio a fin, un helado sudor comenzó a gotear por sus sienes. Ruidosamente revolvió toda la habitación, casi a tientas, sin encontrar mas que paquetes vacíos. La desesperación se apoderó de él; giraba sobre sí mismo incrédulo, comenzando un baile diabólico, cuando… oyó un crujido bajo sus pies, se agachó esperanzado y a la luz de la vela pudo leer en una hoja escrito repetidamente, cubriendo hasta el borde mismo del folio, sin márgenes, ni derecho, ni izquierdo, ni superior, ni inferior: “Adiós, ingrato. Adiós, ingrato. Adiós, ingrato. Adiós, ingrato…”

A. Ferri

Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Pocas Luces

Un viaje corto, una vuelta manzana.

Espaciocrea : : Escritura Creativa en Valencia

Cursos y talleres presenciales de escritura creativa en Valencia. Recursos para escritores y encuentros del taller literario. Club de novela, poesía y narrativa breve. Comunidad de microrrelatos, haikus y cuentos. Desafíos lunares internacionales en Facebook y en Twitter. Espacio para compartir tus creaciones y relatos en cadena. El otro blog de Aurora Luna

Ideas de una mujer ebria

Gifs y jpgs sobre poesía

Página transversal

Pensamiento, crítica, movilización

Aprendiz de la vida

No importa si lo que escribes es bueno o malo, lo importante es que sea tuyo

Emociones encadenadas

Emociones que se encadenan, unas tras otras. Encadenadas emociones que te atrapan, que te colapsan, que te impulsan y te hacen reaccionar...

luzsobretodo

"La vida no es un tener y conseguir, sino Ser y Convertir"

lascosasqueescribo

Encontrareis relatos, micros, poemas y otras curiosidades

Comienzo de 0

Artículo 19. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. ---Declaración Universal de Derechos Humanos.

Facultades mentales

Crees que yo corro tras lo extraño porque no conozco lo bello, pero no, es porque tú no conoces lo bello que yo busco lo extraño. (Georg Christoph Lichtenberg) El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar que para que se siga su rumbo. (Franz Kafka) La noche y yo hemos perdido / Así hablo yo, cobardes. / La noche ha caído y ya se ha pensado en todo. (Alejandra Pizarnik) Un artista nunca trabaja bajo condiciones ideales. Si ellas existieran, su trabajo no existiría, porque el artista no vive en el vacío. Debe existir alguna clase de presión. El artista existe porque el mundo no es perfecto. El arte no sería útil si el mundo fuera perfecto, así como el hombre no buscaría la armonía si simplemente viviera en ella. El arte nació de un mundo que ha sido diseñado enfermo. (Andréi Tarkovski) ¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz? (Frida Kahlo) Nadie está libre de decir estupideces. Lo grave es decirlas con énfasis (Michel de Montaigne)

escriboloquesientoypienso.wordpress.com/

Desde mi corazón... esta soy yo

textosensolfa

Textos en Solfa es el lugar de la traducción literaria, las palabras palpitantes y el prisma del lenguaje.

El trastero de mi mente

Un paseo por el pensamiento, las emociones y el arte...

Caminar por la playa

Fragmentos recogidos

Luna de papel :: Talleres Literarios en Valencia

El blog de Aurora Luna. Talleres de escritura creativa en Valencia. Club de lectura. Cursos de novela, poesía, cuento y narrativa breve. Recursos para escritores y herramientas para aprender a escribir en el taller literario. Reflexiones sobre creatividad y literatura. Master class, profesores, clases presenciales y seminarios de creación literaria adscritos a "LIBRO, VUELA LIBRE". Comunidad de escritores y lectores en Valencia. Dinámicas en curso y ejercicios de escritura creativa. Palabras, concursos, vuelos y encuentros literarios.

Vida de Peatón

Transeúnte, usuario del metro, pasajero de microbuses...

AKANTILADO. Literatura, pensamiento, crítica... Un blog de Irad Nieto

"Si tanto falta es que nada tuvimos", Gabriela Mistral.

El Gris de los Colores

Poesía y Maternidad