Un, dos …

Antonio Berni La gallina ciega

Un, dos, tres … segundos después de sacudir el mantel, un, dos, tres gorriones comiendo a la vez…

A. Ferri

* Pintura de Antonio Berni, ‘La gallina ciega’

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El pequeño topo y el ratón

Érase una vez un pequeño topo que vivía escondido en un fabuloso lago. El topo Otto era tímido y reservado, un poco apocado. Vivía cómodamente en su túnel excavado en la tierra, bajo el lago.

El lago, era un pequeño mar, peculiar y muy poblado: situado a pocos metros del Mediterráneo, rodeado de amigables pueblos, a lo lejos se veía la ciudad.

Los domingos el topo se veía molestado, acudían visitantes, domingueros, algo ruidosos y vocingleros. También paseantes, más calmados, fotógrafos, deportistas y ciclistas, algo más sosegados. En cualquier caso, esos días, prefería refugiarse en la seguridad de su guarida.

El ratón de campo Tico, era un ratón extrovertido, vividor y aventurero. De vez en cuando le hacía una visita a su amigo el topo:

– ¡Otto!, vamos a dar una vuelta.- Lo avisaba a voz en grito.

– ¡Oh, Tico! Estoy bien aquí, gracias- Contestaba el topo desde su refugio.

– ¡Vamos, sal un poco! He encontrado un secadero, está lleno de arroz, ¡nos podemos dar un fiestón!

– ¡Vaya! Sólo tienes buenas ideas, ¿no recuerdas la última vez? Aún luzco una cicatriz.

– ¡Qué exagerado, sólo fue un disparo! La escopeta era de sal…

– Sí de sal, un balín me rozó, ¡hasta pasado un mes no me incorporé!

– ¡Bueno, pues ahí te quedas! ¡Cada día das más pena!

El ratón Tico se marchó y Otto se acomodó en su cueva. Pasaron unos días y el topo extrañaba a su amigo el ratón, siempre le hacía alguna visita de vez en cuando. El topo empezó a estar alarmado, “¡algo le habrá pasado!”, así que haciendo un esfuerzo, reunió coraje y valentía para salir de su madriguera en busca de su amigo el ratón.

Por el lago fue preguntando, a la garza, la cigüeña y al pato colorado, pero nadie lo había visto por ningún lado. Aunque el ratón no era un experto nadador, de vez en cuando se daba algún chapuzón, así que el topo se sumergió. Por las aguas preguntó a la anguila, al mújol y a la lubina, no le dieron ninguna pista, así que volvió a la orilla.

El topo se sentó a reflexionar, pensando en trazar un plan, cuando… oyó unos gemiditos cercanos… ¡Cuál fue su sorpresa y alegría, no pensaba que tan pronto al ratón se encontraría!

– ¡Topo Otto! ¿Qué haces tú por aquí?- le dijo al verlo el ratón.

– He salido a buscarte, ¡hacía tiempo que no venías a visitarme!

– ¡Ay, cuánta razón tenías, soy un ratón locuelo, vaya disparo me dieron!

– ¿Te han herido? ¿Es muy grave?

– ¡No te alarmes compañero! Ya casi estoy curado.

– ¡Ay, Tico! Debes llevar más cuidado.

– Sí Otto, pero mira…, ¡mi aventura ha servido, has salido de tu agujero…!

– ¡Es cierto! ¡Que bello está el lago!

– ¡Es una maravilla!

El topo Otto y el ratón Tico se sentaron juntos ese atardecer a contemplar el paisaje y los preciosos colores del agua, el cielo, la tierra y la vegetación de su único y excepcional lago: ¡el lago de la Albufera!

A. Ferri

* Fotografía: Marijose Salvador