Revista digital Valencia Escribe, mes de marzo

La revista digital Valencia Escribe, donde colaboro, ya va por el número 11. Cuentos, poemas, relatos, fotografías y dibujos excelentes.

Se puede leer en la plataforma yumpu pulsando en la fotografía.

Para leer:
https://www.yumpu.com/es/document/view/37267896/numero-11-marzo-2015

Para descargar (en formato PDF, 6.66 Mb):
http://www.mediafire.com/view/0lcj22c4c8tgz2n/VE-11_MARZO.pdf

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Pruebas irrefutables

libros volando

Cruzar océanos de tiempo…, cazar puentes como liebres…, frases inolvidables, poemas que se alojan dentro nuestro para siempre, como una imagen propia, luminosa, vívida, imborrable, los únicos momentos que no se perderán como lágrimas en la lluvia, pruebas irrefutables de que dos más dos no son cuatro, de que sustantivos, adjetivos y adverbios poseen infinitos significados, combinables e intercambiables, de que existe la magia en las palabras y obstinados hechiceros dispuestos a embelesarnos… novelistas, cineastas, guionistas y poetas, armados con ungüentos pegajosos que nos atrapan desde la primera frase o la primera escena, siendo imposible zafarse de los pequeños papelitos que van recubriendo, poco a poco, ese algo invisible que contenemos o nos sostiene, o el cerebro, el corazón, o aquella parte que prefiramos designar para alojar nuestra esencia, como un globo desnudo al que, leyendo, aplicamos engrudo y finalmente obtenemos una capa voladora de papel maché con la que protegernos del mundo.

A. Ferri

* Mural y libros volando en San Francisco. http://anazanza.blogspot.com.es/2013/02/me-paso-el-dia-andando.html

La única manera de curar es la poesía

OCTAVO DÍA | 07.10.2013 10:28 hrs.

Ramón Cuéllar Márquez

Después de tantos años comprendo que la única manera de curar es la poesía. Ni modo. Estuve en lucha durante casi tres décadas para no ser su esclavo, para no convertirme en un maniático hacedor de versos que nacían de la entraña, de las habitaciones más intrincadas que a veces llegaban a ser un laberinto de confusiones y certezas.

Ningún libro ha logrado que me deshaga de las oscuridades y luces de la vida cotidiana, aunque sí abierto los ojos, donde la poesía ha jugado un papel a veces de intransigencia, a veces de miedo, a veces de desnudamiento, a veces de vanidad y soberbia exacerbadas.

Entiendo que nada puede saciar las ganas incontenibles de escribir verso tras verso, uno por uno desfilando desde las células, desde las neuronas y desde la sangre. ¿Quién no ha sentido ese salto al vacío y el poema aparece como una fórmula para no sentir la caída? Lo cierto es que la poesía no tiene una red de salvación que nos espere al final del viaje porque no hay un final y no hay una salvación.

Cuando dejé de escribir versos para mí, para sorprender, para regodearme y ser aplaudido, entonces vino un periodo de exaltamientos, incertidumbres, azoros que me sacudieron las raíces hasta dejarme sin piso, sin paracaídas, sin Altazor, sin Muerte sin fin, sin todo José Carlos Becerra y aun sin León Felipe. Fue un pasaje a un mundo alterno, a una realidad que yo no vivía y que sin embargo vivía a ciegas.

La poesía, a su modo, exigía, reclamaba que me dejara caer; sabía que ya no había regreso, que el silencio me esperaba como único modo de contener la vida cotidiana, y eso estaba sólo en el instante. Y el problema comenzó entonces porque la poesía de algún modo demandaba que la mostrara desde su espacio, desde su conciencia, desde sus certidumbres, y ya no desde los versos o poemas construidos graciosamente por el pensamiento.

No, la poesía se había vuelto una especie de energía que aspiraba a ser liberada, que no podía ser creada ni destruida, sino apenas nombrada por el reducido mundo de las palabras, esas que jamás completarán el sentido del silencio y por tanto de la propia eternidad.

Ese periodo quemaba, dolía, sorprendía, alarmaba, causaba adicción; un poema tras otro no era suficiente, siempre había necesidad de otro. No lo entendía porque sólo eran sensaciones, golpes bajos, revoluciones domésticas que destruían ciudades, creencias, religiones, dioses, ciencias, filosofías. Era como saber que ya no había modo de regresar porque la poesía ya había ejercido su poder absoluto, como un sistema gravitacional que controla mundos a su antojo y uno no puede más que vivir en ellos y cumplir sus leyes interiores.

No obstante, ahora lo observo, eso fue curativo, cicatrizador, me puso espejos y temores frente a frente sin que pudiera hacer nada contra eso porque se trataba de la vida. Y sí, la poesía resultó la revolución misma, a donde no llegan ejércitos para impedir la rebelión, donde la oposición del sistema interior es uno mismo, donde la poesía evoluciona dentro de sí y te transforma aunque no quieras, te derrota y te levanta, te desnuda y no te miente. La poesía, en ese sentido, es feroz, abre sus fauces y te muestra el campo lleno de jardines, de noches plagadas del origen del universo, repleto de poetas que se pasean libremente en el instante y ya no necesitan escribir un solo verso.

http://octavodia.mx/articulo/45974/la-unica-manera-de-curar-es-la-poesia