El instante

reloj

Sólo un rato más,
un momento…
enseguida vuelvo,
en cuanto hilvane
un pensamiento.

Necesito unos minutos,
quizá doce, quizá diez…
casi un cuarto
o media hora,
así… sola.

Una hora,
otra más,
¿dónde están?
las quisiera acaparar.

Laten como los segundos
las arterias y las venas,
distribuyendo palabras
dictadas por la razón,
donde se instaló por siempre
abecedario, tinta y papel,
creyendo dar así sentido
al vacío que se intuye debe ser,
conseguir aprehender el instante,
sintiendo que, tal vez por allí se cuela
lo más parecido a la eternidad.

Horas, minutos, segundos…
desfilan armoniosamente,
modestos y consecuentes,
se desvisten de relevancia,
deslizándose con paso firme,
sabedores de su estirpe.

Únicos protagonistas,
a veces despiden los siglos,
recientemente milenios,
les rendimos reverencia,
con la incoherente ocurrencia
de brindar sin renuencia,
su comienzo y su final.

A. Ferri

Anuncios

A corazón abierto

acantilado

 

Ando por un precipicio,

ando por un cortado,

camino mirando abajo,

sin fijar el horizonte,

sólo las olas bravas

que rompen el acantilado.

 

Invoco palabras vanas,

que acicalen mi lamento,

el quejido, el desaliento.

El esfuerzo es sobrenatural,

si no quema en mi interior

el chispazo o la intuición.

 

En vano los he llamado,

me hacen oídos sordos,

demasiado has complicado

los instantes, los momentos,

pues ya no eres dueña de ellos,

andan junto a ti de puntillas,

en silencio,

queriendo no molestar

al terror infundado

a algo tan sencillo

como una operación

a corazón abierto.

 

A. Ferri