Debe haber

dara scully

 

Debe haber

un jeroglífico, un libro

laberíntico, una página de

soluciones arrancada

 

Debe haber

un código fuente, una biblioteca

inmensa, un manuscrito escrito

con tintas invisibles

 

Debería haber

un interruptor, un pulsador,

una salida de emergencia

un cuadrado alternativo

a la rayuela, para lanzar

la última piedra de la infancia

en ese momento que abre sus fauces

el cruel discernimiento de la linea

que separa la vida de la muerte.

 

A. Ferri

 

* Fotografía de Dara Scully, “¿Puedes escuchar mi corazón?”

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Ininterrumpido

 

kay sage mujer al viento

 

Es verdad que vida y poesía van unidas,

es verdad que crepitan los silenciosos sonidos

y emerge -sólo cuando la conjunción lo merece-

entre imágenes verbales y latidos puntuales,

se desliza entre cataratas resecas de saliva.

 

Es verdad que las palabras son magia viva,

hechiceras, lisonjeras, soñadoras y valientes

y también son los parches lustrosos y abrillantados

que lucen como metralla de memoria reconstituida.

 

Es verdad que no hay más verdad

que el ilusorio afán de así horadar

el incesante tic tac instaurado desde el cordón umbilical

intentando imaginar cómo será

el ininterrumpido viento sin tu barrera material.

 

Y entre ritmos, pausas, vidas, muertes…

desgranas la maquinaria, deshojas los sinsabores,

las sales de mariposas sostienen las mejores cartas

en la temblorosa torre cuyo culmen es tu as de corazones;

mientras, por el papel transparente van desfilando infiltrados

secretos no debelados, misterios por descubrir

con palabras engarzadas como cuentas de un collar

en un hilo sin fin.

 

A. Ferri

 

* Pintura “I Shaw Three Cities” de Kay Sage

Sinvergüenza

futbol-y-toros

Arrímate sin vergüenza,
arrímate vence el miedo,
arrímate deja el tedio,
entra furioso en el ruedo.

Te aplacan la adrenalina,
te pican,
te clavan las banderillas,
en la arena no hay esquinas
no tienes donde escaparte
de la burla de la vida.

Toro bravo, toro noble,
si humillas serás indultado,
tendrás una buena ida,
entra al trapo con arrojo
o con arte envalentonado
quedarás tendido en el ruedo.

Comienza el baile siniestro
con el ‘artista’ esperándote
de rodillas en el suelo,
para componer la bienvenida
con la espectacular porta gayola.

A. Ferri

Sentidos opuestos

Blade Runner

La muerte es horrenda, es un absurdo momento, es tan patética como la escena de Rambo gimiendo ‘¡no siento las piernas!’; es el abismo del que sólo nos salva el acerado brazo de un replicante, el ángel exterminador que se apiada de aquellos que se no se creen sus iguales; es una desconexión, la del cerebro pensante del superordenador que gobierna la nave de 2001; es una tirana con rostro impertérrito, y tiro perfecto como Joe Pesci en Uno de los nuestros. Se adivina el duelo en las caras de aquellos que la contemplan, se desinflan los cuerpos, se aligeran los huesos, se remueven las mentes, se adelgazan las voces, se desestabilizan, ¡qué solos se quedan los vivos tras el entierro! La muerte nos ronda por las carreteras, como nos recuerdan todos los veranos en el telediario; también la vida nos envuelve, nos espera en las esquinas, donde permanece anclada la señal circular con dos flechas blancas de único tallo y sentidos opuestos, su latido se adivina en las facciones de las embarazadas, en la chispa de los ojos de los padres primerizos, en la inocencia de los críos y en la ingenuidad de las mujeres que no han tenido hijos.

A. Ferri