Letargo

sueños

Se ha interrumpido el flujo de los versos, de la caligrafía entre dos líneas, giran lentas las manecillas del torbellino de pensamientos. Están ahí escondidos, agazapados en la geometría polvorienta del terrazo del patio, junto a unas hojas y la pinocha que obstruye el remolino del sumidero. Esperan sin angustia, ni arrepentimiento, su momento. El instante en que se cuelen por el agujero, rodando toroidalmente buscando su universo paralelo. Hacen fuerza, se secan, o se hinchan, absorben cualquier minúscula gota de vida, asoman en imágenes, no se rinden, es impensable que te olvides de ellos. Una vez conformados se pasean por los sueños, esos pesados, que te dejan agotado, y cuando de madrugada te levantas y preparas el brebaje antes del rutinario combate, compruebas que te espera una jornada inacabable, de la que no te importa el aciago resultado, pues no hay salario que pague el esfuerzo de, intentar en vano, mover durante ensueños el cuerpo paralizado, ese laborioso trabajo que, en el mundo real, no contabiliza como realizado.

A. Ferri

Luciana-Urtiga

*  Fotografía de Luciana Urtiga

“Los retratos de Luciana llevan por la idea del encuentro de su cara formada de la naturaleza o de las propias extensiones de su cuerpo en una alegoría de que estamos hechos de fuera, y afuera también está la nada.” – See more at: http://culturacolectiva.com/los-rostros-de-luciana-urtiga/#sthash.LGlrzr1i.dpuf

* Imagen superior: tomada en la red.

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El niño interior

 

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De niño todo es un juego,

creas mundos imaginarios,

te arrogas superpoderes,

incluso tienes proyectos:

realizar con plastelina

mobiliario de cocina,

desayunando sueños

untados con fantasía.

 

Pronto cargas en la mochila

el peso de la obligación,

atrapando por tu cuenta

lo que no enseña la escuela:

inventar un don especial,

seguir mapas de percepción,

y rutas de precognición.

 

Tiempo de ocio y expansión,

todo está por descubrir,

sólo te ocupas de existir:

nadando hasta perder las agallas,

rellenando los vacíos,

aguzando la observación.

 

Como un resorte, un aviso en tu interior,

ponía en marcha el motor

y una silenciosa voz te dictaba

el punto exacto del mapa,

junto con la precisa milésima

en que debías desplegar las alas.

 

La magia siempre ha estado ahí,

sólo es preciso volver a abrir

los ojos instalados en el corazón,

dejar a un lado la preocupación,

¡despierta a tu niño interior!,

acurrucándolo otra vez,

para que resurga sin temor:

no es el mundo amenazador,

es un baile en expansión,

y la pista central siempre

brilla con tus pasos…

 

Ahora tras un descanso,

saca el ritmo a relucir,

la música fue creada para ti.

 

A. Ferri

A medias

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A medias se quedan los sueños, a medias se quedan los días, las noches se alargan, se adueña del calor el frío, la lluvia arrastra con ímpetu, la hierba, la tierra, las piedras, despeja el sombreado camino y traza nuevas sendas, limpiando el aire viciado de apatía. Vuelve la agitada rutina, la fastidiosa cotidianidad, tan denostada, que enmascara el correr del tiempo, haciendo creer que pasa despacio; saltando entre las obligaciones queremos ganarle pequeños momentos, donde destacan esplendorosas las ingenuas pasiones. A medias quedaron instantes, ideas, proyectos, pensamientos, intenciones, volaron tempestuosos, tuvieron un fugaz repunte, giraron desordenados; asomando el mullido hocico, tras un respingo siguieron durmiendo, ojalá se desperecen en compañía del helado viento y se cuelen en el cajón donde espera esa bufanda, tejida a medias, para cuando llegue el invierno.

A. Ferri

* Pintura ‘Tejiendo sueños’ Elisa Floreth

Se admiten cambios y revoluciones

alfombra voladora

Ya llegan los sueños…

Cada suceso tiene su lugar, cada persona su sitio, cada acción su momento, también los sueños. El mundo nos abraza a todos. Los sueños, etéreos, nunca aceptaron la ley de la gravedad, se escapan porque un día los abandonamos, no desean compañeros con los pies en la tierra. De vez en cuando, vuelven a su hogar, se cuelan por las rendijas de casa y se introducen en nuestro embozo. Los sentimos a menudo, al llegar la primavera, ventilando una cama, arreglando un armario, espolsando una alfombra, en la copa de un árbol, en el viento que se agarra a nuestra garganta, ahí están los sueños que nos llaman. Nos avisan en forma de alergias, estornudos o astenia. Acojámoslos, no disfracemos la euforia, la alegría, el cambio; la vida nos reclama para que no la soltemos.

A. Ferri